A Aniceto Marinas

(Lucia Calle de Casado)

 

Eres solio divino

que escalara su genio peregrino

y que Segovia dona a su memoria,

bello altar que, nimbado de laureles,

representa los triunfos y la gloria

que forjaron un día sus cinceles.

Jardín embalsamado;

bello rincón de su solar amado;

tus fuentes cantarinas,

en torneo de honor y pleitesías

darán a su Marinas

serenatas de eternas melodías.

 

Avecillas y niños

en arpergios de mimos y cariños,

le dirán en las bellas estaciones,

como himnos amorosos,

la alegría infantil de sus canciones

en concierto con tronos armoniosos.

 

¡Salve, trono ideal! Cálido lazo

que une en amante abrazo

al hijo y a la madre venturosa…

que ante estas piedras,

con amor ferviente,

rendida y orgullosa,

¡Se postrara feliz y relevante!...

 

 

Al Cristo de Marinas

 (Manuel Fernández Fernández)

 

Quiso Marinas dar vida

a quien, siendo El la Vida,

y dueño de toda vida,

quiso ofrecernos su muerte.

para quitarnos la muerte

haciendo que de esta suerte

El que al morir vivía

daba a los demás la vida

Paso a la Vida sin muerte

y entre la muerte y la Vida

dijo su Última Palabra

que todo estaba acabado

“¿Por qué me has abandonado?”

y cuando sus ojos alzo

toda la tierra temblo,

los muertos resucitaron

cuando las tumbas se abrieron,

y hasta pagamos dijeron:

“todo lo dicho cumplió,

que el que decía ser Cristo

era el verdadero Dios”.

Marinas si consiguió

con esta preciosa imagen

que nuestros ojos se alcen

a tus ojos afligidos,

y cuando, todo cumplido,

que entre nosotros aquí,

al tiempo que vas al Cielo,

con lagrimas de este suelo

queramos ir hacia Ti.

 

Al Santo Cristo en su Última Palabra

(Oñez Monjas Hernández)

 

Alzas Señor tu mirada postrera

levantas tu rostro al firmamento

se eleva hasta El como sacramento

y al Cielo eterno se yergue señera.

 

Quisiste morir de esta manera,

llegado en sangre tu ultimo tormento

semblante redentor en puro lamento,

fuente de Salvación tu vida entera.

 

Suspiro final de Hijo al entregarte

en la cruz, tu palabra final diste

Para en sus manos divinas confiarte.

 

Todo cumplido como prometiste.

¡Que seamos uno todos para amarte,

Sin límites… como Tu siempre hiciste!

 

 

A la Soledad de Marinas

(M.T.P.)

 

Azucena que mustia y abatida

quebrada por horrible vendaval

por débil fibra con el tallo unida

pareces de la Cruz colgar sin vida

con rictus funeral.

 

Tu cuerpo aunque transido, esta sereno:

no fue renacentista el gran buril

que quiso tu dolor ultraterreno

plasmarlo en modo angelical, y lleno

de encanto tu perfil.

 

Rectas las líneas de tu cuerpo inerte,

aunque quebrada de dolor estas,

parece desafías a la muerte

diciéndonos que tu alma pura y fuerte

sufrir aun puedes mas.

 

¡Qué sencillez de trazos verticales,

mas… que porte tan lleno de emoción!

Hay un algo en tus rasgos magistrales

que habla con lenguajes ancestrales,

lenguajes de pasión.

 

Aunque tu pena y tu dolor culmina

con rictus de pasión, estas de pie,

dispuesta a caminar cual peregrina

mostrando, como madre, al que camina

las rutas de la fe.

 

 

A la Soledad al pie de la Cruz

(p. Juan Alberto de los Carmenes)

 

Cubierta de triste llanto

al pie de la Cruz te vi;

y en mi doloroso espanto

me dijo un secreto encanto

que sollozabas por mí.

 

Ya no temo, Madre mía,

a Dios ciertamente voy.

¡Hijo de lágrimas soy:

las lágrimas de María!

 

Tus lágrimas son las perlas

que compran mi salvación.

Jesús me perdona al verlas.

Son sangre del corazón

que se derrama al verterlas.

 

Que ablanden la terca y dura

impiedad de mis entrañas,

pues con tu llanto las bañas

de tu maternal ternura.

 

Y si por mi salvación

ofreces ¡ay! su agonía,

¿no ablandara, Madre mía,

tu llanto mi corazón?

 

¡Oh Jesús! Si en mi agonía

temblando a tu vista estoy,

acuérdate en aquel día

que hijo de lágrimas soy:

¡las lágrimas de María!

 

 

A la Soledad al Pie de la Cruz

(Justo Bravo Merino)

 

Al pie de la Cruz quisiera

consolar tanta amargura;

Virgen la madre más pura

a quien hirió espada fiera.

Las tres horas de agonía

colgado del vil madero,

El que es el Dios verdadero

y el que fue la Luz del día.

Tu corazón destrozaron

y tus lagrimas brotaron

viendo la Suma Inocencia

maltratado, sin clemencia…

¡Con El como se ensañaron!

Madre que siempre tenía

a Cristo por Compañía,

ahora se halla en soledad

después de ver la agonía

del Amor y la Verdad.

Eres tú la mujer fuerte

que has presenciado la muerte

de este Divino Cordero

conducido al matadero

para darnos mejor suerte.

Jesús con los ojos fijos

dando al discípulo amado

el más sublime legado,

quiso fuéramos tus hijos.

¡Con que expresión de dolor

te tallo el gran escultor

que supo plasmar tu pena

y supo de tu alma llena

de amor para el pecador!

 

A vos

(Jose María García Tejada)

 

A vos corriendo voy, brazos sagrados

en la cruz sacrosanta descubiertos,

que para recibirme estáis abiertos,

y por no castigarme estáis clavados.

 

A vos, ojos divinos, eclipsados,

de tanta sangre y lágrimas cubierto,

que para perdonarme estáis despiertos,

y por no confundirme estais cerrados.

 

A vos, clavados pies, para no huirme,

a vos, cabeza baja por llamarme;

a vos, sangre vertida para ungirme.

 

A vos, costado abierto, quiero unirme,

a vos, clavos preciosos, quiero atarme

con ligadura dilce, estable y firme.

 

 

Cristo de la Última Palabra

(J. B.)

 

Todo lo consumaste en este mundo.

Todo hasta voluntad llegar a ser,

sintiéndote como un vil gusano,

rotas las espaldas, clavado y con sed.

 

Horas largas, cuajadas de amargura

de sangre, dolor, insultos , aridez,

horas de oración, y sangre vertida.

Tanto sembrar, sin acaso recoger.

 

Dichosa por siempre ¡Bendita culpa!

Que nos trajo hacia aquí al Redentor,

a poner tanta luz sobre la injuria,

a decirnos como es, un Padre Amor,

que espera sin prisa, una voz amiga

que negocie valiente, con brío, a lo Dios.


Meditando

(Catalina Rubio Gómez)

 

Los días gloriosos

que nos dio la fe

me dieron deseos

de saber por qué.

 

Por qué fue tan precioso

que Jesús muriera

si era el más hombre

que se dio en la tierra.

 

Por qué le tuvieron

que dar esa muerte

por qué le clavaron

en ese madero.

 

Por qué si le vemos

como fue clavado

por nuestras miserias

no le desclavamos.

Por qué entre nosotros

no somos capaces

de dar al amor una dimensión.

 

Por qué si nos llena

el alma la pena

no decimos todos: Jesús

tu que sabes lo que es sufrir

delega en nosotros

y con tu ejemplo

seremos capaces de ser

en la tierra, como esos senderos

que en sus orillas dan flores

que llenan el alma de fe

en saber ser hombres

que llenos de amor

van dando la paz

como El nos la dio.

 

 

 

Nuestra Señora Soledad

(Josefina Benito)

 

Soledad amarga, cruel.

Pena profunda sin El

Dolor que te traspasa y te trasciende

Y te hace desmayar pero a la vez

En pie, erguida y serena, con placida esbeltez

Actitud de fortaleza y sencillez.

De Madre Reina humilde y fiel.

Figura que cautiva al rezar tus pies.

Esclava que enamora,

por tu porte de mujer.

Por tu servicio de entrega

Al amor en fe.

Danos tu fuerza, y tu exquisitez

Para amar sin dejarse vencer.

 

 

Santo Cristo en su Ultima Palabra

(Jose García Velázquez)

 

Mira al cielo con ojos suplicantes

completando la entrega de su vida,

que acabara en apenas un instante

tras dejar las profecías cumplidas.

 

Luego vendrá la lanzada punzante

y la iglesia mana de su herida.

Nada volverá a ser como antes

y hasta la muerte, queda vencida

 

Al verte el alma se emociona y llora

su pecado, que a veces la domina

cayendo en tentación provocadora.

 

Cristo vivo, que tu misión culminas

con la palabra que al Padre implora

¡Obra feliz del escultor Marinas!

 

 

Soledad

(Josefina Benito)

 

Junto a la Cruz estas

serena, firme

 

 

de dolor transida,

en actitud creciente,

como esclava

por donde la salvación

nos viene.

Máxima sabiduría

libro eficiente;

Al mirarte y contemplar

tu figura y esbeltez,

pienso en mi pobreza, maldad

y me siento estremecer.

Como lluvia que me cala,

y de tu soledad aprender,

a cambiar , a ser fontana,

a saciar tanta sed,

a renovar otras vidas

que buscan sin saber.

Danos valentía,

seguridad, amor, sencillez,

para borrar injurias,

tu amargura y tanta hiel.

Virgen Dolorida

contigo quiero aprender

a dar sonrisas y paz

a todos por doquier.

Siéntete consolada

mi Reina, mi Madre.

 

 

Soledad al Pie de la Cruz

(Jose García Velázquez)

 

Sumida en el dolor, mas no abatida

junto a la Cruz la Madre aguanta fuerte

recordando las horas transcurridas

que llevaron al Hijo a la muerte.

 

Era el momento de la despedida:

sabía que le esperaba esta suerte

para ganar el alma redimida

de quienes del pecado se arrepienten.

 

Si ahora mis ofensas, Madre mía,

son como espadas en tu corazón

cumplen de Simeón la Profecía.

 

Tu dolor al sufrir en la Pasión

conviertes en estallido de alegría

tras el reencuentro en la Resurrección.

 

 

Virgen de la Soledad

(Jose Luis Martin)

 

Estrella de la noche,

luz del amanecer

 

Virgen de la Soledad,

Sola al pie del Madero

en el que ya no está El.

 

Tus ojos tristes entristecen mi alma,

tu cuerpo desmayado

desgarra mis entrañas.

¡Sola! dolor y muerte y llanto,

pero también esperanza

esperanza de vida, de luz y de verdad.

 

Tu eres el camino para llegar hasta El:

amor y fe

virgen de la Soledad,

nunca más estarás sola

queremos estar contigo

de tu mano y a tus pies.

 

La imagen de la santísima virgen de la Soledad al pie de la Cruz (Vicente Gray)


¡Nunca, nunca olvidare aquel rostro de finura hebrea,

Aquella actitud de severo desmayo,

no vencido por la postración,

Aquella mirada de inefable expresión

que parece buscar al Hijo en las sublimes alturas

Que solo pueden vislumbrarse al resplandor

De las antorchas de la fe!

 

Al pie de la solitaria Cruz,

y apoyando en su tronco

el cuerpo erguido,

se ve la figura de la Virgen María:

Un manto negro de luengos pliegues

enmarca la Santa Figura.

Una túnica de severo azul

aprisiona el cuerpo,

que se deja adivinar esbelto

y de una perfección femenina

de dulzura suprema;

por sus bocamangas asoma el blanco lino

primitivo y sencillo.

La Divina Señora calza sandalias

que dejan sus pies desnudos,

pies de cándida pureza.

Ni sedas, ni brocados, ni joyas

contradicen el dolor:

Como Maria se mostro en el Calvario.

Manos casi atezadas y finas;

Cara que la pena inclina a un lado,

en dulce curvatura para lanzar

la fulgida mirada hacia el cielo;

boca que abre el suspiro

sobrehumano de la mujer

que se siente Corredentora del mundo;

frente espaciosa que suavemente acusa

el surco del sufrimiento,

como huella que dejara

la profecía de la espada

que había de atravesar su corazón;

y una lagrima, una sola,

que basta para hablar

de la presencia del llanto

hasta en las emociones divinas.

 

¡Ella , Ella es la que capta y arrebata

a quien la contempla.

sin deslumbramientos de joyas ni colores!

El haber realizado el dolor sublime

en el arte cristiano es su mejor joya.